Economía dantesca (Carlos de Fuenmayor Barroso EAFI)

KesslerCasadevall-web2En el siglo VI, el Papa San Gregorio Magno confeccionó la lista de los siete pecados capitales. El poeta Dante, la utilizó en El Purgatorio, la segunda parte del poema La Divina Comedia, popularizándola y haciéndola llegar sin enmienda hasta nuestros días.

Se estarán ustedes preguntando que tendrá esto que ver con la economía. Pues más de lo que parece, ya que los severos desequilibrios económicos mundiales y nacionales proceden
en gran parte de actuaciones públicas y privadas auspiciadas por actitudes derivadas de la práctica de los pecados capitales que recogió el autor italiano. Estando siempre ahí, estos permanecieron ocultos por un crecimiento económico que parecía infinito y una sociedad que vivía en una complacencia total, y absolutamente despreocupada por un futuro que solo iba a ser esplendoroso.

Gula, envidia, avaricia, soberbia, pereza, lujuria e ira condujeron a la economía y la sociedad mundial a una situación de una gravedad sin precedentes y son los pecados que afectan a los recursos e impiden que el capital global se reparta equitativamente entre la sociedad.

Gula de un sistema financiero insaciable en su afán de acumular riqueza y que en un delirio final vivió en un capitalismo sin capital a golpe de puro crédito y apalancamiento.

Envidia que generó entre países y personas el afán de querer conseguir a cualquier precio, sin moral ni normas éticas, aquello que había conseguido el vecino.

Avaricia desordenada que justificó la posesión de riqueza y su atesoramiento con el único fin del enriquecimiento personal, obviando el beneficio colectivo.

Soberbia de unos dirigentes que instalados en el servilismo de sus consejeros económicos se decían estar en la Champions League de las economías mundiales y de unos sectores, financiero y constructor principalmente, que justificaron revalorizaciones anodinas en precio y tiempo de todos sus activos .

Pereza en, una vez producida la debacle, afrontar reformas económicas estructurales de calado que signifiquen cambios reales con consecuencias favorables para naciones e individuos.

Lujuria que acompañó a todas esas actuaciones.

Ira producida por una colosal falta de previsión más propia de felices ignorantes que la esperable de sesudos premios Nobel y organismos económicos internacionales.

Parece evidente pues, la influencia de estos vicios capitales en las conductas económicas de nuestro reciente pasado. Aprendamos la lección, pasemos la correspondiente penitencia y con propósito de enmienda generemos las bases para una regeneración económica libre de pecado.

Carlos de Fuenmayor Barroso EAFI
Kessler & Casadevall Asesoramiento Financiero

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